El granizo: por qué preocupa cada vez más al sector asegurador

Esta misma semana, las intensas tormentas que han azotado la provincia de Tarragona han dejado imágenes difíciles de olvidar: granizos de hasta 9 centímetros de diámetro, cientos de vehículos dañados, tejados destrozados, inundaciones y cuantiosos daños materiales. Escenas como estas hoy aparecen con una frecuencia cada vez mayor en los informativos de cada verano. Y aunque el granizo sea un fenómeno tan antiguo como la propia atmósfera, algo está cambiando. ¿Por qué parece que cae granizo más grande y con más frecuencia? ¿Cómo se forma exactamente una piedra de hielo? ¿Y por qué es un fenómeno que cada vez quita más el sueño al sector asegurador? Vayamos por partes.

Granizo Agosto 2026
Piedras de granizo caídas este lunes 24 de agosto en Móra d’Ebre. Fuente: 3CatInfo

¿Cómo se forma el granizo?

Para que se forme granizo hace falta, ante todo, un cumulonimbo: la nube de tormenta, capaz de crecer verticalmente varios kilómetros, hasta alcanzar capas de la atmósfera con temperaturas muy por debajo de los 0 °C. En su interior existe una corriente ascendente, un chorro de aire cálido y húmedo que sube desde la superficie y que actúa como el auténtico motor de todo el proceso.

Esquema de formación del granizo. Fuente: WorldAtlas
Esquema de formación del granizo. Fuente: WorldAtlas

Todo empieza con un embrión: una pequeña gota de agua, o incluso una partícula de polvo o polen, que es arrastrada por esa corriente ascendente hasta zonas de la nube donde la temperatura ronda los -10 a -20 °C, y allí se congela. A partir de ese momento, el pequeño núcleo de hielo empieza a crecer por acreción: choca con gotas de agua “sobreenfriada” que se solidifican instantáneamente al entrar en contacto con él, capa tras capa.

A partir de allí, esas recién nacidas piedra de granizo empiezan un frenético viaje dentro de la nube de tormenta que les permite ir creciendo en diámetro. Durante este viaje ascienden, descienden y se desplazan a diferentes zonas de la nube por acción de la cizalladura del viento, agregando por el camino nuevas capas de hielo. Por lo tanto, cuanto más tiempo permanece la piedra en suspensión dentro de la nube, más grande puede llegar a ser. Y ese tiempo depende, sobre todo, de la fuerza de la corriente ascendente de aire: cuando la piedra sea lo suficientemente grande y pesada, ese viento ascendente no podrá sostenerla más y finalmente podrá caer hacia el suelo.

piedra de granizo grande
Si se corta transversalmente una piedra de granizo grande, suele mostrar un patrón de anillos concéntricos, alternando hielo opaco y hielo transparente. Ese patrón cuenta, en realidad, la historia de su viaje dentro de la tormenta: las capas opacas se forman cuando el granizo crece rápido, atrapando burbujas de aire; las capas transparentes, cuando el crecimiento es más lento y el agua se congela de forma más homogénea. Foto: Martin Aregger.

Un fenómeno que está cambiando de escala

Durante décadas, el granizo se consideró un riesgo relevante, pero “menor” frente a otros fenómenos como las inundaciones. Los datos de los últimos años están obligando a revisar esa idea. Estudios recientes1 sobre tormentas severas en Europa entre 1950 y 2023 constató que el granizo de gran tamaño (5 cm de diámetro o más) es hoy sensiblemente más frecuente que hace unas décadas, con eventos de más de 5 cm aumentando entre un 30 % y un 40 % en muchas regiones europeas.

En España, la base de datos específica de granizo grande, que arranca en el año 2000, muestra que los récords de la serie se han concentrado sistemáticamente a partir de 2010, con un pico de 25 episodios en 2022. Solo entre 2021 y 2023 se registraron tantos episodios de granizo gigante como en todo el periodo 2011-2019.

El episodio de referencia en España ocurrió el 30 de agosto de 2022 en La Bisbal d’Empordà (Girona): una supercélula dejó piedras de hasta 12 cm de diámetro, causando numerosos daños materiales y personales. Un estudio de atribución climática posterior concluyó que, con las temperaturas marinas “normales” para esas fechas, la supercélula se habría formado igualmente, pero no habría producido granizo de ese tamaño: fue el calor anómalo del Mediterráneo consecuencia del cambio climático antropogénico el que aportó el combustible extra necesario.

2023 no se quedó atrás: en julio se batió el récord histórico europeo con una piedra de 19 cm de diámetro en Azzano Decimo (Italia), superando el anterior récord continental (15 cm, Rumanía, 2016), mientras que en España se registraron piedras de 11 cm en Zaragoza y Teruel. Aquel año dejó más de 300 heridos en el continente y unas pérdidas económicas asociadas cifradas por Gallagher Re en varios miles de millones de dólares.

¿Por qué está pasando esto? Los científicos apuntan a una combinación de ingredientes: un Mediterráneo cada vez más cálido (la década 2014-2023 ha sido la más cálida registrada para los océanos), que aporta más humedad y energía a la atmósfera; y una mayor cizalladura del viento, que favorece la organización de tormentas más intensas y duraderas, capaces de mantener el granizo en suspensión más tiempo y, por consiguiente, producir granizo más grande.

La capacidad destructiva del granizo

El daño que provoca una piedra de granizo depende, sobre todo, de su masa y de la velocidad a la que cae. A diferencia de la lluvia, que siempre cae más o menos a la misma velocidad (unos 30-35 km/h) caiga la gota que caiga, cuanto más grande es una piedra de granizo, más rápido golpea el suelo: un granizo de 2 cm ronda los 70-100 km/h, uno de 4 cm (tamaño ping-pong) puede superar los 100-130 km/h, y las piedras de 5-10 cm propias de las supercélulas más violentas llegan a los 110-160 km/h.

Esa combinación de masa y velocidad se traduce en una energía de impacto con gran capacidad destructiva. A esa escala, los efectos son sobradamente conocidos en el sector de los seguros:

  • Vehículos: la chapa de los techos y capós queda marcada con las características abolladuras, las lunas (especialmente parabrisas y lunetas) pueden fisurarse o romperse, y en episodios de piedras de más de 5 cm los daños pueden inutilizar por completo un vehículo aparcado a la intemperie.
  • Cubiertas y techos de naves industriales y agrícolas: los paneles sándwich, las claraboyas y las cubiertas ligeras, muy habituales en polígonos industriales, son especialmente vulnerables; el granizo grande puede perforarlas directamente, provocando después filtraciones de agua que agravan el siniestro.
  • Placas solares e instalaciones fotovoltaicas: un riesgo creciente a medida que se multiplican las instalaciones, con paneles que pueden agrietarse o perder eficiencia tras el impacto.
  • Cultivos: el granizo destroza en minutos una cosecha que ha tardado meses en desarrollarse, un riesgo que concentra buena parte de la actividad del seguro agrario.

Por qué el sector asegurador vigila el granizo de cerca

A diferencia de las inundaciones o las danas, el granizo no está considerado un riesgo extraordinario en España: no lo cubre el Consorcio de Compensación de Seguros, sino que recae directamente sobre las pólizas privadas (hogar, autos, comercio, industria y seguro agrario). Esto significa que su impacto financiero se traslada de forma inmediata y directa a las cuentas de resultados de las aseguradoras.

Los números recientes lo confirman. Según datos de UNESPA2, en 2025 el sector desembolsó 492 millones de euros por daños derivados de fenómenos meteorológicos ordinarios (lluvia, granizo, nieve y viento), con una media de más de 1.700 siniestros diarios. De ese total, el granizo fue responsable de solo el 17,7 % de los siniestros, pero concentró el 41,1 % del importe indemnizado (202,4 millones de euros): la prueba de que, aunque menos frecuente que otros riesgos, cuando el granizo aparece, lo hace con una severidad desproporcionada. Los siniestros más graves en pólizas de multirriesgo industrial llegaron a superar los 150.000 euros.

Todo esto configura un riesgo con un perfil muy particular para el sector: alta variabilidad interanual, fuerte concentración geográfica y temporal (los episodios más severos suelen concentrarse en pocas horas y pocos kilómetros cuadrados) y una tendencia de fondo al alza tanto en frecuencia como en severidad. Es, en otras palabras, un riesgo en el que la capacidad de anticipación (saber con horas de antelación dónde es más probable que se desarrolle una célula convectiva capaz de producir granizo grande) se convierte en una herramienta clave de gestión, tanto para activar protocolos de aviso a clientes como para dimensionar de forma más precisa la exposición de una cartera.

En conclusión…

El granizo combina dos características que lo hacen especialmente difícil de gestionar: es muy localizado e impredecible con demasiada antelación, y cuando golpea con fuerza, lo hace con una capacidad destructiva que crece con el tamaño de la piedra. A esto se suma una tendencia atribuible al cambio climático que, a pesar de no ser una percepción mediática, está respaldada por series de datos de más de dos décadas: más episodios de granizo grande, y récords que se baten con una frecuencia cada vez mayor.

Para el sector asegurador, esto se traduce en un mensaje claro: la exposición al riesgo de granizo va a seguir creciendo, y las herramientas de anticipación y modelización meteorológica van a ser cada vez más determinantes para gestionarlo con solvencia.

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