Entendiendo el fenómeno de la dana: ¿qué es y cómo nos afecta?

por Óscar Hernández, Físico y Meteorólogo en MeteoSim

Estamos acostumbrados, cada vez más, a oír en los medios de comunicación hablar de fenómenos meteorológicos y climatológicos diversos que tienen un impacto en nuestro día a día: borrascas de alto impacto con nombre propio, olas de calor, sequías, ciclogénesis explosivas… Uno de ellos, que puede generar cierta confusión, son las danas. ¿Qué son exactamente? ¿En qué se diferencian de las borrascas? ¿Qué consecuencias tienen? Intentemos explicarlo por partes.

Antes de poder dar respuesta directamente a todas esas preguntas, nos detendremos un momento a entender algunos conceptos meteorológicos importantes que están detrás de los mecanismos de formación y los efectos de las danas: el jet stream y la inestabilidad atmosférica.

1. La corriente en chorro o jet stream: un motor planetario del tiempo

Si observamos la atmósfera a escala planetaria, sin atender a los detalles pequeños, nos daremos cuenta de que el aire se mueve siguiendo unos patrones de gran escala; es lo que se conoce como la circulación general atmosférica. Una de las características de esta circulación global es el hecho de que, alrededor de los 60º de latitud, a unos 10 km de altura, existe una corriente de aire de gran velocidad que rodea el planeta en sentido de oeste a este, con vientos que ocasionalmente alcanzan incluso los 300 km/h. Es lo que se conoce como jet polar¹.

Este jet polar rodea y enclaustra en las regiones polares las masas de aire más frías, actuando a modo de frontera que las separa de las masas de aire más cálidas al sur. Además, esta intensa corriente de aire en altura tiene la peculiaridad de circular de forma serpenteante, con ondulaciones conocidas como ondas de Rossby, que tomarán protagonismo en la formación de las danas, como veremos.

El jet polar, lejos de ser solamente una simple curiosidad -y de ser un factor clave en la aviación, permitiendo vuelos más cortos y con ahorro de combustible al utilizarse como autopista por aviones que viajan con rumbo este-, es además uno de los principales motores atmosféricos que determinan el tiempo en las latitudes medias.

Aunque existe también otro jet stream más débil a latitudes inferiores, llamado jet subtropical (y ambos tienen sus correspondientes análogos en el hemisferio sur), es el jet polar el que está detrás de la formación de las danas.

2. La inestabilidad atmosférica: el detonante del mal tiempo

Otro concepto fundamental que nos permitirá entender los potenciales efectos de las danas es la inestabilidad atmosférica. La idea detrás de este concepto es bastante intuitiva si lo comparamos con algo tan cotidiano como calentar agua en una olla. El agua del fondo de la olla está considerablemente más caliente que la de arriba, y esto provoca que ascienda en movimientos turbulentos, al ser más ligera: el sistema es inestable.

En la atmósfera puede ocurrir algo parecido: cuando en las capas superiores de la atmosfera tenemos una masa de aire fría, y cerca del suelo aire cálido, el aire puede ascender de forma espontánea y rápida desde la superficie, si la diferencia de temperaturas es suficiente. Es lo que se conoce como convección, mecanismo que permite la formación de nubes de gran desarrollo vertical, como los cumulonimbos. De esta manera, si el aire que asciende desde la superficie tiene una gran humedad, condensará formando nubes con una gran capacidad de desencadenar fenómenos extremos como tormentas intensas, granizo, rayos o trombas marinas.

 

Regresemos ahora al tema que nos ocupa, en el que esas piezas encajan y toman sentido para entender cómo se forman las danas y qué efectos pueden desencadenar.

 

¿Qué es una dana? ¿Cómo nace?

Las ondas del jet polar son muy variables y caprichosas, y su fluctuación puede dar lugar, por ejemplo, a anomalías térmicas como olas de frío extremo en latitudes más bajas. En ocasiones, un meandro de una de estas ondas de Rossby (a los que conocemos como surcos) puede volverse muy marcado y estrecho, hasta el punto de cerrarse por completo y descolgarse del jet polar, encapsulando una masa de aire frío en altura que ahora, al estar desligada del flujo principal, podrá vagar libremente por la atmósfera hacia latitudes más bajas. Acabamos de presenciar el nacimiento de una dana.

Las danas pueden viajar de forma errática sin un rumbo fijo durante algunos días, hasta desaparecer o ser reabsorbidas nuevamente a la circulación general asociada al jet polar.

No hay que confundir las danas con las borrascas. Mientras que las danas se encuentran aisladas en niveles altos, y viajan de forma libre e independiente, las borrascas, en cambio, implican una depresión siempre con reflejo tanto en altura como en superficie, y siempre permanecen atadas a la circulación general, teniendo una mayor ocurrencia a finales de otoño e invierno.

 

Los efectos de las danas

Dana (ahora escrito en minúsculas al ser asimilado recientemente por la RAE como un término común), es un acrónimo de Depresión Aislada a Niveles Altos² . Su nombre, por lo tanto, que es autodescriptivo, ya nos indica que es un fenómeno que habita las capas altas de la troposfera, y que por lo tanto en superficie no tendría por qué tener efecto. En la mayoría de los casos es efectivamente así: las danas se forman, viajan y desaparecen sin causar estragos y sin siquiera tener reflejo alguno en la superficie, lo cual puede contradecir la imagen mental que tenemos de este fenómeno, asociándolo siempre con daños y precipitaciones intensas. Es decir, no todas las danas causan tiempo severo.

Sin embargo, las danas son potencialmente peligrosas, porque constituyen una situación que en muchos casos puede desencadenar fenómenos extremos. El aire frío en capas altas (característica que presentan las danas) es, como hemos visto, un factor de inestabilidad atmosférica, y que por lo tanto puede facilitar la convección profunda y la formación de tormentas. Además, si se suma que el aire cálido cerca de la superficie contiene mucha humedad —como suele ocurrir, por ejemplo, en las regiones mediterráneas—, tenemos el cóctel perfecto para que la atmósfera pueda responder de forma explosiva, con precipitaciones torrenciales, inundaciones o granizo al paso de una dana que ha viajado a latitudes más bajas después de formarse.

Por eso, las danas que se desplazan a la zona mediterránea suelen ser más susceptibles a tener efectos adversos a finales del verano y en otoño, porque es en esa época del año cuando la temperatura del mar es mayor, proporcionando un aire muy cálido y húmedo a niveles bajos.

 

¿Qué nos depara el futuro?

En un contexto de cambio climático, fenómenos como las danas están en el punto de mira de la comunidad científica, que busca comprender cómo su frecuencia y la intensidad de sus consecuencias se verán alteradas en el mundo del futuro.

La frecuencia futura de la formación de danas está íntimamente relacionada con el porvenir del jet polar. El calentamiento global se ensaña especialmente con la región polar ártica, incrementando su temperatura a un ritmo mayor que la media planetaria. Esto provoca que se suavice el contraste de temperaturas de las masas de aire a ambos lados de jet polar, lo cual, en última instancia, podría causar que esta corriente de aire se debilite.

Un jet polar más débil significa un jet polar más ondulado y serpenteante, lo cual podría conllevar una mayor probabilidad de la formación de danas.

Por otro lado, aparte de la frecuencia, preguntémonos qué puede ocurrir con los efectos adversos asociados a las danas, ¿podrán ser más extremos?

Estudios científicos del cambio climático han puesto sobre la mesa un hecho preocupante: se espera que la temperatura del mar Mediterráneo siga aumentando progresivamente en las siguientes décadas. Es decir, se dibuja un futuro en el que las danas que viajen hasta estas regiones se encontrarán con los ingredientes perfectos para dar lugar a lluvias más extremas: un mar con mayor evaporación y un aire superficial todavía más cálido y húmedo (es decir, una atmósfera más inestable y con mayor masa de agua precipitable).

En resumen, si bien las proyecciones apuntan a una posible intensificación de los efectos de las danas en un clima más cálido, existe todavía un grado considerable de incertidumbre respecto a su frecuencia futura, debido a la complejidad de las interacciones dinámicas en niveles altos. La investigación continúa en este campo.

 

En conclusión…

Las danas, pese a su frecuente presencia en los medios, siguen siendo un fenómeno a menudo malinterpretado. Es importante recordar que no todas las danas provocan lluvias intensas, ni todas las lluvias intensas se deben a danas. Sin embargo, en países como España, su impacto potencial es alto y está detrás de algunos de los episodios más intensos de precipitación y tormentas.

Aunque su formación puede darse en cualquier época del año, es en otoño cuando pueden tener consecuencias más destructivas. La razón ya la conocemos: es en esa época del año cuando se dan los ingredientes perfectos para que el potencial de la dana pueda desencadenar consecuencias severas.

El movimiento errático y, a veces, retrógrado de las danas representa un desafío importante para la predicción meteorológica, especialmente a medio plazo. No obstante, factores más previsibles, incluso a escala estacional, como el estado térmico del mar, pueden ofrecernos claves para anticipar el riesgo asociado a este fenómeno en determinadas épocas del año.

 

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¹La existencia de una corriente de aire como el jet polar ya se había hipotetizado en el siglo XIX por el matemático estadounidense Elias Loomis; pero no fue hasta los años 1920 que el jet polar fue descubierto observacionalmente por primera vez, por el meteorólogo japonés Wasaburo Oishi, a partir del lanzamiento de globos cerca del monte Fuji. Sin embargo, su descubrimiento pasó totalmente inadvertido fuera de Japón porque Oishi lo publicó en esperanto.

²Anteriormente eran más conocidas como gotas frías (término que surgió en la escuela meteorológica alemana a finales del siglo XIX, por la forma que toma la masa fría al descolgarse del jet polar). Sin embargo, era un término un tanto ambiguo y genérico para su uso técnico. En España surgió el acrónimo DANA, que era además un homenaje al meteorólogo español Francisco García Dana. El término “dana”, a diferencia de “gota fría”, no implica que la depresión aislada no tenga un reflejo en superficie.

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